sábado, 15 de agosto de 2015

«Me gustó mucho Fernández Mallo pero luego ya se le vio el plumero»

[FUENTE: El Diario de León]
Pacho Rodríguez — 15 de agosto, 2015


Es la estrella literaria del Día del Watusi, con permiso de Casavella, que será el que lo ilumine todo durante la jornada de las fiestas del barrio de San Lorenzo. Ainhoa Rebolledo hablará hoy de las historias que se fraguaron en las minas del mineral que calentó la guerra.


Ainhoa Rebolledo presenta este sábado su flamante Wolframio, su última novela, que quedó entre las finalistas del premio Herralde.

—Amplía su lejana conexión leonesa... ¿Qué es lo que trae hasta aquí tantas veces?
—Ahora vivo en Madrid. He venido a Astorga porque asistí al Festivalley en Benavente y antes de llegar a León para celebrar El día del Watusi quería aprovechar para ver la casa familiar de los Panero. Pero... Estaba cerrada porque sólo la abren cuando tienen exposiciones. La disfruté por fuera. Nunca he vivido en León ni tengo familia por aquí pero sí que tengo amigos y me paso media vida viniendo. Hace quince años fui desde Galicia a aprender inglés a Irlanda. Y en esa excursión hice amigos de León y alrededores. Por eso me hizo tanta ilusión que Yago Ferreiro me invitara a celebrar el Bloomsday hace un par de años en el Bar Belmondo. No había vuelto a León desde que tenía quince años.

—Siendo gallega, la historia del Wolfram es conocida como parte del pasado de zonas como El Bierzo. Siendo más que interesante localizar una historia en esa época, ¿qué le lleva a contar Wolframio, esto es su novela?
—Conocía la historia del Wolfram en la zona de Silleda (Pontevedra), porque me la habían contado mis padres y, después de haber publicado Tricot y haber visto La Grande Bellezza, de Sorrentino, sentí la necesidad de volver a las raíces y escribir sobre mis orígenes para encontrar mi particular gran belleza. Esto último no es broma.

—¿Y una novela con premio es más novela?
—No, claro que no. Sin embargo, Wolframio quedó entre los finalistas del premio Herralde el año pasado, entre los escritores que escriben sobre lo que les sale de las tripas. Este el único premio que tiene prestigio literario en España. Luego hay escritores que escriben ficción desde la creatividad, pero son otro tipo de escritores.

—Sea o no autobiográfico lo que uno escribe, ¿qué se lleva de usted cada libro? ¿La experiencia se carga la parte buena de inocencia? ¿Es mejor la espontaneidad inicial que el encasillamiento posterior?
—Bueno, todo lo que escribo es autobiográfico, aunque luego lo salpimente con ficción. La experiencia se carga la inocencia, eso está claro, pero es útil para poder repetir los mismos errores de una forma más entusiasta, conservando la inocencia del principio. Algo así como que la experiencia te permita cometer los mismos errores consecuencia de la falta de información pero teniendo nuevas puertas por las que salir. Si ahora a mis 28 años tuviera toda la información sobre la vida que sé que tendré a los 70 viviría asustada y no haría la mitad de las cosas extrañas que hago.

—Otras cosas que ha escrito se podrían asociar mas a los Fernández Mallo and cía ¿Qué saca en claro de lo que fue al menos ese mini boom?
—Que se podían escribir libros viscerales, libros de verdad, de los que te salen de las tripas. A mí me gustó muchísimo el primer libro de Fernández Mallo pero luego ya se le vio el plumero cuando fichó por una multinacional y me di cuenta que todo esto de la generación nocilla era una estrategia de marketing para vender libros.

—¿Qué libro de Casavella recomendaría para quien se quiera iniciar en su obra?
—Yo empecé por Un enano español se suicida en Las Vegas (cito de memoria y ahora no recuerdo si se llamaba así) pero recomendaría empezar por sus artículos, claro, para luego sumergirse en esos libros tan largos que escribía.

—Y ya puestos, sin pudor, ¿qué es lo que quiere de sus libros y lectores Ainhoa Rebolledo?
—Ah, yo sólo quiero escribirlos. Lo que pase después es accesorio. Escribir un libro es un fin en sí mismo, luego ya me leerá quien quiera. No creo que se deba escribir pensando en los lectores, la verdad. Se tiene que escribir para uno mismo o para otra persona.

—Volviendo a lo personal, cuando va a León, ¿qué es lo que más le apetece hacer?
—En León me gusta comer pizza en La Competencia y tomar cortos y vinos. También me gustan la cecina y la lengua de vaca. Me gusta mucho la carne, me temo. Sin embargo, la última vez que estuve en León no salí del Bar Belmondo.

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