martes, 7 de abril de 2015

«El individuo en sí no tiene tanta posibilidad de evolución»

[FUENTE: La Rioja]
Diego Marín A. — 7 de abril, 2015

Reyes Arévalo, periodista y antropóloga logroñesa afincada en Madrid, publica su primera novela, 'Los veranos sin Adela'


Aunque nacida en Logroño en 1967, Reyes Arévalo Royo reside en Madrid, donde trabaja como profesora de Educación Secundaria en el IES Julio Verne de Leganés. Licenciada en Antropología Social y Cultural y también en Periodismo, la novela 'Los veranos sin Adela' (Tandaia, 2015) es su primer libro, una obra coral con distintas voces que arranca con la invitación a una boda y se mueve alrededor de su misteriosa protagonista.
 
—¿Por qué se lanzó a escribir su primer libro, su primera novela?
—Me lancé casi sin planteármelo como objetivo. Siempre me ha fascinado el relato largo, la novela, pero nunca me había atrevido a escribir una porque me parecía muy complicado hilar una historia con muchos personajes y que tuviera un principio, un final... Pero asistí a un taller literario que impartía una amiga y comprendí que se trataba de romper el muro y ponerse a escribir. Un día empecé a pensar en un personaje, comencé a escribir y, casi sin darme cuenta, ya tenía escrita la novela. Fui pasándole los capítulos a algunos amigos y me animaron a seguir escribiendo porque me decían que era muy interesante.
 
—El estilo de la novela es muy personal, con soliloquios. ¿Por qué?
—En realidad, escribo de una forma que me resulta muy cómoda: a través de monólogos internos. La novela es un puzzle de voces diferentes, todas en primera persona. Mi afán es camuflarme e indagar en el pensamiento de las personas; es mi forma de entender la realidad. Es un estilo, quizá, periodístico porque intenta ser fiel a la realidad, siendo fiel no a los sucesos pero sí a las emociones humanas de los implicados. Tal vez soy demasiado directa, pero esa es mi forma de enfocar, como el tipo de objetivo que pones a la cámara.
 
—Y sin apenas diálogos...
—Incluso tenía previsto no incluir ninguno, pero hay un encuentro importante que tenía que tenerlos.
 
—¿Sigue la máxima periodística de que no existe una sola verdad sino distintos modos de ver la realidad?
—Es una de las cosas que, desde siempre, más me ha atrapado, cómo la realidad no existe. Creo que me lo dijeron el primer día de clase en Periodismo, con 17 años, y ya me cautivó esa idea. Y es verdad, no existe, son imágenes superpuestas, reconstrucciones que vamos incorporando y a partir de las cuales creamos nuestro propio conocimiento. Me fascina. Luego, como también he estudiado Antropología, piensas que el ser humano está constantemente intentando atrapar la realidad, encapsularla, manejarla, algo en lo que se producen tantos intentos como fracasos. La realidad se nos escapa, es escurridiza, y la novela trata sobre eso. Hay una realidad compartida pero cada personaje reconstruye y vive de forma distinta.
 
—¿Con la primera persona ha intentado dar más verosimilitud?
—Cuando me puse a escribir mi idea era que todo saliera a través de un solo personaje concreto porque me inspiró, sobre todo, la obra 'Cinco horas con Mario', que leí en el instituto pero siempre he llevado conmigo. Me cautivó el planteamiento de Delibes de aportar tanta reflexión por medio de un monólogo que parece tan superficial. Un solo personaje que, aparentemente, no tiene nada que contar pero que, a modo de espiral, va aportando distintos matices del mundo. Esa era mi idea, pero el resto de los personajes que iban apareciendo no se conformaban con salir solo a través de la voz de Mario, que es el primer narrador, pedían a gritos democracia, querían hablar. Y me alegro de haberlo hecho porque necesitaba poner más voces a esta historia.
 
—Y hace un ejercicio lingüístico, con diferentes registros de habla.
—Como son monólogos internos, en esa ficción, cada uno utiliza los referentes que forman parte de su universo. Cuando hablamos con nosotros mismos no notamos una diferencia tan clara con cuando hablamos con los demás. Con los demás interpretamos, por eso empleamos un lenguaje más concreto. Una persona, en diferentes contextos, usa registros diferentes.
«Solidaridad entre mujeres»
 
—¿Y quién es Adela, la protagonista?
—Es el gran misterio también para mí. Yo la imagino como la mariposita que mueve las alas y genera el 'efecto mariposa'. Al otro lado del planeta ocurre algo espectacular, se producen un montón de cambios provocados por ella, sin que tenga gran importancia. Adela es un personaje que no se manifiesta porque es más interesante lo que genera a su alrededor que lo que ella pueda contar. Incluso es más fascinante lo que los demás puedan contar sobre ella que lo que cuente ella misma. Precisamente porque, quizá, ella misma nunca tendría esa conciencia de ser tan importante.
 
—¿Qué mensaje ha intentado transmitir con esta novela?
—Hay muchos y cada lector los interpreta de una manera. Algo que me apetecía mucho mostrar es el mundo extraño que hemos creado con las relaciones de pareja, lo absurdo de cómo se entienden las conquistas, lo de 'marcar territorio' o las 'relaciones de poder'. Otro mensaje importante es transmitir que una vida humana da muy poquito de sí, sin embargo, hay esperanza de que las generaciones próximas recojan lo que uno vive. Existe esa experiencia, lo que los antropólogos llaman «la memoria heredada» y que viene a decir que el individuo en sí no tiene tanta posibilidad de evolución, pero la especie sí. Y también está presente la solidaridad entre mujeres. Culturalmente, se presupone una competencia entre suegra, nuera, hija... que no siempre es así.

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